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El capitalismo, el libre mercado y sus consecuencias (I)
Escrito por Sergio Cebrián sábado, 04 de julio de 2009
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Me gustaría realizar diversas reflexiones profundas sobre los diferentes modelos de producción global a los que puede optar el ser humano. Sin tener grandes conocimientos económicos, me gustaría expresar diversos pensamientos sobre estos temas, pudiendo se rebatidos y llevados a debate, corrección y reflexión, si así queda demostrado. Así que se van a publicar diferentes artículos periódicos que reflejen estas inquietudes.

Empezaré por un análisis del sistema económico de libre mercado o mercado salvaje. Puesto que son muchos los ámbitos sobre los que reflexionar, en este primer artículo me centraré en mostrar un supuesto escenario liberal y las posibles consecuencias que pudiera tener el mercado global, libre y explotador, sobre el mercado laboral.

El sistema capitalista de libre mercado, a partir de ahora mercado salvaje,  no persigue otro fin más que el de conservar el estatus social de los ricos, mientras se amedrenta las posibilidades de crecimiento y desarrollo de las clases bajas, entendiendo éstas en un conjunto global sin importar las barreras nacionales. La gran victoria del capitalismo del mercado salvaje ha estado en vender un supuesto progreso y libertad que, en un conjunto global, no ha existido para la mayoría de los seres humanos.

En los países desarrollados tenemos el grave defecto de guiar todos los análisis de manera local, viendo como nuestros países han evolucionado y, supuestamente, dejado atrás etapas de pobreza generalizada, sin importarnos el modelo de crecimiento ni los daños que causa nuestro desarrollo a terceros países. Es triste observar cómo la capacidad adquisitiva implementada por el sistema capitalista en los países desarrollados es debida, entre otros factores, a los bajos costes salariales en terceros países, beneficiándonos de los regímenes laborales de éstos, sin apenar importarnos la situación del ser humano explotado cuando acudimos al  centro comercial en busca de algún bien deseado, fijándonos únicamente en el precio de mercado.

En un análisis local del desarrollo económico, podemos estar satisfechos de la gran cantidad de bienes para satisfacer nuestras necesidades que a bajos precios podemos encontrar. Nuestra falsa ilusión de desarrollo se ve reflejada en unos bajos costes de producción y, por lo tanto, bajos niveles salariales en los países menos desarrollados, entre otras cosas. El sistema económico de desarrollo actual se beneficia de las desgracias ajenas, a la vez que protege los intereses de los grupos pertenecientes al mundo desarrollado.

Por lo tanto, la introducción del sentido común, la solidaridad, las revelaciones ante las injusticias y la regulación a nivel global son necesarias, para evitar todo este tipo de explotación humana existente en el mundo y de la que, aunque muchos no quieren mirarla a los ojos, nos beneficiamos en nuestro día a día. Hay que desmontar el sistema económico actual, dejando de un lado la libertad de explotación del ser humano, a veces conocida como libertad de empresa o libertad de mercado como acepciones económicas más utilizadas. La organización mundial de la producción, reparto de tareas, impulsar las actividades que los diferentes países presenten ventajas competitivas, en definitiva, la regulación a nivel global es más que necesaria.

En el supuesto que el  modelo económico adquirido por todos los países sea el libre mercado y libre comercio, por el cual una empresa pude contratar empleados y fabricar sus productos en cualquier lugar del mundo y comerciar con ellos a cualquier lugar de la tierra, estamos abocados al fracaso. Pensemos por un momento que en este supuesto sistema se abolen los impuestos, pues claro,  para los adeptos del libre mercado éstos suponen una carga y distorsión del buen funcionamiento del sistema, así que, fuera impuestos. También, en este supuesto sistema neoliberal se suprimirán todos los servicios sociales y estatales, pues es más eficiente económicamente hablando que lo realicen empresas privadas (esto es lo que nos quieren hacer creer los capitalistas del siglo XXI), fuera empresas públicas y servicios públicos. Siguiendo con nuestro modelo, también desaparecerán las tasas de aduanas, pues también suponen una traba y distorsión del libre comercio, fuera proteccionismo.

En una primera aproximación, vamos a intentar predecir qué pasaría, a grandes rasgos, con el futuro de los trabajadores en este sistema “idílico” de libre mercado. Lo primero que realizarán las empresas es un recorte de plantilla en aquellos países cuya mano de obra sea más cara, es decir, aquellas personas que no estén dispuestas a trabajar al precio del mercado (ahora su salario lo marca el mercado sin ninguna imposición) serán despedidas y se contratarán personas que sí estén dispuestas a ello. Puesto que las empresas tienen esta libertad de actuación y movimiento, se acudirá en busca de mano de obra barata a otros países, pero ahora le mercado laboral es único,  global y libre, por lo que no es difícil adivinar la gran caída del salario medio.

Imaginemos por un momento que se empieza a contratar mano de obra barata en China e Índia, a cambio de grandes despidos en los países desarrollados. Cualquier persona estará tentada a pensar que éstos países pueden verse beneficiados por el comportamiento del libre mercado, distribuyendo así la riqueza. Pero profundicemos un poco más. La gran oferta de mano de obra en este libre y único mercado laboral, junto a una demanda sostenida en el tiempo, pues no es predecible que las inversiones privadas aumentaran de manera exponencial ( tal y como lo haría la oferta de mano de obra) fuera capaz de fijar un salario digno para cualquier ser humano. Por lo tanto, el punto para discernir si estos países que recibirían nueva contratación se vieran realmente beneficiados, estaría marcado por el salario que dictara el libre mercado.

Puesto que el principal objetivo de la empresa privada es la maximización de beneficios, la reducción de coste sería la consecuencia directa del supuesto que nos lleva a estudio. Esta reducción de costes se vería beneficiada por este mercado laboral único, global y sin escrúpulos, por lo que la presión a la baja de los salarios es clara, pudiendo llegar a niveles significantes de pobreza, pues la decisión del  ser humano a trabajar o a morirse de hambre, puede llegar a extremos preocupantes de mínimos, como podría ser la remuneración justa para poder subsistir, volveríamos a la economía de subsistencia para la mayoría de las personas.  La contratación de mano de obra sería flexible y ágil, sin control, salvaje, sin escrúpulos, llegando a niveles tan bajos como la remuneración mínima para que el trabajador pueda comer y prolongar su vida. No habría más margen de maniobra, pues el libre mercado, de ahí su denominación de mercado salvaje, optimizaría la inversión en mano de obra desde el punto de vista empresarial hasta estos niveles. Si esta contratación no se puede producir en los países de origen, se comerciaría con dicha mano de obra para instalarla en los países actualmente más desarrollados (¿No estamos suponiendo libertad de mercado?).

Por lo tanto, la presión salarial a la baja sería generalizada, por supuesto, mucho más acentuada en los países desarrollados que tendrían grandes caídas salariales y rebajas económicas hasta los niveles óptimos para este mercado. En los países pobres existiría contratación, pero siempre bajo estos supuestos de semiesclavitud, pues cada persona estaría abocada a aceptar el trabajo por un trozo de pan al día, o verse abocado a morir de hambre. Además, este comportamiento se vería adoptado también en los países desarrollados, pues siempre se aceptaría el trabajo antes que morirse de hambre, aunque dejemos de lado falsos lujos que el sistema capitalista nos proporciona. Por lo tanto, se produciría una homogeneización de una parte de la humanidad, salarialmente hablando, siendo la esclavitud el medio óptimo y eficiente que marcaría el libre mercado. Mientras otra parte del planeta, aquellos países que no pudiera absorber el mercado, seguirían manteniendo su estatus de pobreza actual. Por lo tanto la falacia del libre mercado como medio de beneficio global sería completamente falsa en el mercado laboral. Es verdad que sería un modelo eficiente para el empresario y clases poderosas, porque la explotación es la eficiencia económica en este mercado, y la libertad del empresario a explotar no tendría freno bajo los supuestos contemplados en el artículo.

Parece claro pues que hace falta una regulación pública en dicho mercado laboral, una regulación a nivel global que impida la explotación del hombre por el hombre, impidiendo que la libertad de explotación sea un derecho de la empresa privada en este supuesto de mercado libre. Esta regulación debe marcar un mínimo de remuneración mundial, impidiendo que el nuevo régimen de esclavitud llegue a todos los países del planeta. Es la lucha contra el dumping social el objetivo principal de esta regulación. Hay que recordar que esta situación ya existe en muchos países actualmente, y tenemos el deber de luchar y erradicar esta lacra humana.

Alguno podría pensar que nunca se llegaría a producir este nivel de supervivencia por mucho que hubiese libre mercado, ya que la demanda caería drásticamente con el nivel de los salarios lo que sería completamente cierto si no fuera porque, de manera global, no se produciría tal caída de la demanda. En el supuesto idílico que marca el libre mercado, la capacidad adquisitiva de los trabajadores caería drásticamente, pero no así la de las clases altas y adineradas, aflorando así grandes fortunas explotadoras del ser humano en diferente lugares del planeta, manteniendo el nivel de demanda global y actual en el globo terrestre. Por lo tanto, no se tendría por qué ver disminuido el nivel de producción mundial por esta supuesta caída del nivel salarial medio global. Se habría producido una transferencia de riqueza de los pobres a los ricos, lo que lleva a la acentuación de la polarización existente actualmente.

Para mantener la dignidad humana, evitar la explotación del hombre por el hombre, el libre mercado no es la solución, pues desierta los instintos más egoístas del ser humano, dejando libertad para someter a los demás seres humanos a sus intereses. Ante un problema global, con una economía globalizada, la acción debe ser global, la planificación debe ser global, la especialización, la intervención estatal y el gobierno deben ser globales. La remuneración adecuada debe ser garantizada en cualquier punto de la tierra, por lo que es inevitable una planificación de la producción, dar el salto al sistema productivo del siglo XXI, planificando la producción especializada en cada país según sus características naturales en aquellos sectores que sean más eficientes, permitiendo una realimentación de riqueza desde los países que produzcan en sectores con mayor valor añadido a aquellos países que produzcan en sectores primarios o secundarios pero más que necesarios para la vida humana. Objetivos locales para beneficios globales y retroalimentados. Garantía de nivel de vida adecuado para todo ser humano viva en el país que viva. Homogeneización de las rentas recibidas para ajustarse a la explotación adecuada de los medios naturales que nos proporciona el planeta, evitando la sobreexplotación de la naturaleza. Quizás sean utopías imposibles de realizar, pero son el objetivo que debería llevar al hombre a cambiar el punto de vista sobre el sistema productivo y económico, dejar de lado el servicio del hombre en la economía, y someter la economía al servicio del ser humano para el beneficio del ser humano, y no para su explotación de la mayoría en beneficio de unos pocos.

Continuará...

Comentarios
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José   |2009-07-19 20:59:39
A los fanáticos del libre mercado les gustaría poder actuar sin ningún control
jurídico.

Nada de legislación fiscal, ni laboral.

Ningún interés estaría por
encima del suyo.

El mundo entero sería un espacio donde dar rienda suelta a su
codicia.

La única legislación que permitirían sería la que protegiera la
propiedad privada.
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Modificado el sábado, 04 de julio de 2009
 
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