|
http://miradacritica.es/ Aunque el título tenga resonancias de transporte, no se trata de ello, aunque sí está incluido. De lo que se trata es del área servicios en general. Y especialmente del proyecto español denominado con ese nombre que pretende realizar un cambio de legislación e incorporarse de hecho a las medidas establecidas por Bruselas y que se empezaron a poner en práctica ya en el 2006. Es más que probable que España pretenda ocupar la presidencia del Mercado Común con los deberes hechos, pero la directiva tiene aspectos positivos y otros que no lo son tanto, sí para el tejido empresarial, más discutible en otros ámbitos como el político y especialmente en la política económica. Lo que pretende Europa es una liberalización del sector servicios y cuanto más amplia mejor, algo que por una parte se encuentra en nuestro país con muchas trabas y por otra afecta al mayor sector en relación con el PIB, el pasado año le correspondió el 62,6%. Y sobre la liberalización ya se ha decantado el Banco de España en el sentido de que las medidas propuestas supondrían un mínimo incremento de 1,2 puntos, menos de lo que se opinó en un principio pero nada despreciable, al contrario, hipotéticamente consistiría en una creación de empleo de 200.000 puestos y eso teniendo en cuenta la que está cayendo, moviéndonos en el entorno de 3,6 millones de parados. Ya anunció la ministra Salgado la reducción de las trabas administrativas hasta en un 30%. El problema estriba en que no está totalmente en sus manos el cumplimiento de promesas, las transferencias autonómicas son muy elevadas e implican un fuerte freno a cualquier proyecto a escala nacional. Si la segunda licencia es estimada por Bruselas como una excepción que tan sólo puede estar avalada por intereses de índole general, en España el poder de las Comunidades Autónomas y de sus Estatutos de Autonomía va mucho más allá. Como un inicio significativo se excluye del proyecto Omnibus al comercio y distribución, que se legisla en la ley de comercio minorista, con respeto a los acuerdos autonómicos alcanzados, que si bien en algunos casos han servido para impedir la proliferación de las grandes superficies, como ocurre en Cataluña, en beneficio de sectores expuestos al peligro de estas multinacionales, no ha sido así ni mucho menos en otras comunidades, por ejemplo Madrid, y llegando al ridículo cuando en sectores de servicios se puede operar en una comunidad y no en otra, o hay que ir multiplicando las trabas autonomía por autonomía si se quiere ampliar el radio de acción. El sistema de las CC.AA. no tiene por qué ser negativo, pero se ha llegado a un extremo competencial que resulta ilógico y agobiante en la práctica. Y realmente el sistema de financiación que se ha puesto en marcha y que tan alegres tiene a las comunidades simplemente las refuerza, por el aumento que supone en cuanto al reparto de riqueza. Probablemente lime desigualdades, pero es que si bien es positivo en ese aspecto pues se atiene mejor a un reparto según población y necesidades, también asienta con mayor solidez los estatutos de autonomía, y la inviolabilidad o impenetrabilidad de estos no beneficia al conjunto, impide tanto el intervencionismo del Estado en disfunciones autonómicas como a la capacidad de establecer legislaciones, como ocurre ahora, con carácter nacional. Y eso es grave. También lo es el problema de los colegios profesionales, bunkers o lobbies con un poder fáctico indiscutible, y que han remodelado las primeras versiones de la ley. Si tienen que existir, y deberían, límites al salario o a los precios de unos profesionales, la fuerza que ejercen estos grupos que representan según Competencia el 8,8% del PIB es impresentable, las limitaciones ni pueden ser por mínimos ni pueden establecerlas grupos de presión. Veremos en qué termina esto, la utilidad de los colegios profesionales no es entendible, y el caparazón legislativo que ampara a las Comunidades Autónomas tampoco lo es. Llegamos a un punto en que puede resultar política y económicamente más ventajosa una España federal que una España de las Autonomías. Un saludo JLF
|