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Aparte de resultar soporífera y de dudosa credibilidad, la intervención de Díaz Ferrán en el programa de TVE “Tengo una pregunta para usted” resultó estar plagada de incertidumbre. Incertidumbre por la escasa confianza que transmitía el interlocutor en cada una de sus respuestas. Incertidumbre por la demostración de su miedo a explicar las dudas a los ciudadanos que acudieron a plató. Incertidumbre por ser uno de los interlocutores en la reforma del mercado laboral. Y, sobre todo, incertidumbre por ser el presidente de la CEOE y todo el poder que ello otorga. Su discurso estuvo plagado de demagogia y mentiras. Por intentar quedar bien con el público de a pie, se echó en brazos de las buenas intenciones que curiosamente se contradicen con la actividad empresarial capitalista. Empezando por los salarios y acabando por el esfuerzo que el trabajador tiene que hacer en épocas de crisis, fue una caricatura de empresario que no se cree lo que dice, cosa que se dejó notar unas cuantas veces. Entre ellas se le escapó que no quería escurrirse para contestar acerca de problemas de pago de salarios y de cotización a la seguridad social en una de sus empresas. Tal y como nos ilustra Lakoff en su libro “No pienses en un elefante”, y creo que acertadamente, el marco conceptual en el que se muevan nuestros pensamientos es muy importante para entender y comprender a nuestro interlocutor. Nunca podremos convencer a nadie que esté ubicado en un marco conceptual diferente. A su vez, el lenguaje oral utilizado es muy importante, así como el título del libro (“No pienses en un elefante”) centra su atención conceptual en la palabra elefante, y de hecho es el animal que muchos de nosotros nos imaginamos al oír dicha frase; el significado semántico de dicho título es el contrario, no pensar en un elefante. Lo mismo le ocurrió a Díaz Ferrán con su mítica frase “yo no me quiero escapar de contestar esta pregunta”. Quería decirnos que no se quería escapar, pero dejó en evidencia que realmente su pensamiento era todo lo contrario (a ver si me libro y no me preguntan sobre mis empresas). Otro de los grandes temas de Díaz Ferrán fue su apoyo incondicional a los trabajadores de este país, pues no dejaba de elogiar una subida salarial, una subida de las pensiones y demás prestaciones que le iban inquiriendo los invitados. Es demagógico transmitir estas ideas cuando se tiene el poder para llevarlas a cabo. Es decir, si tanto desea una subida salarial, pues haga campaña entre sus compañeros empresarios para que suban los salarios. Hay que recordar que el Salario Mínimo Interprofesional es una ley de mínimos, una garantía. Pero no hay un salario máximo interprofesional, sino pregúntele, señor Ferrán, a sus compañeros banqueros. Demagogia barata que no se creyó nadie. Otro tema sorprendente fue el referido al contrato temporal. El señor Díaz Ferrán volvía a poner el grito en el cielo por lo pésimo que resulta este tipo de contratos, como si los empresarios odiaran esta modalidad contractual y se vieran obligados a adoptarla. Hay que recordar que son los empresarios los que proponen, en sus ofertas de empleo, el tipo de contrato a aplicar. Son la oferta del mercado laboral y, desgraciadamente, esta oferta está cada vez más llena de contratos basura. Así que, señor Ferrán, no tome a los trabajadores por completos idiotas y reconozca los beneficios económicos que suponen para el empresario el contrato basura. De hecho, una de las propuestas de la CEOE para la reforma laboral es el abaratamiento del despido, la llamada flexibilidad laboral. Este abaratamiento del despido ya existe en España, y se llama contrato temporal o contrato basura. Si pasado el tiempo contractual el empresario no desea continuar empleándote, se acabó, a la calle y sin pago de indemnizaciones de ningún tipo. Por lo tanto, señor Ferrán, no sea demagogo posicionándose en contra del contrato temporal cuando la CEOE está pidiendo un abaratamiento del despido. Finalmente, Díaz Ferrán reclamaba un esfuerzo salarial por parte de los empleados en épocas de crisis económica. Está por ver si sería beneficioso para la demanda interna del país una rebaja salarial intersectorial y generalizada, pues por un lado sería previsible que en el corto plazo se generase más empleo, pero, por otro, con menor capacidad adquisitiva, por lo tanto, la tendencia a consumir de la sociedad variaría sin saber si, en su conjunto, sería beneficioso esta bajada salarial. Además estaría por ver si, ante una rebaja salarial, el empresario, al producir más barato, invierte dicho excedente para contratar más empleados o, por el contrario, se queda con el beneficio económico que le supondría dicha rebaja. Por lo tanto, es más que discutible. Pero debates teóricos a parte, la moralidad en la petición de una rebaja salarial por parte de la patronal es más que dudosa. La empresa privada se lucra de su actividad económica gracias a la capacidad productiva de sus empleados. Pues sin ellos no son nada. Cuando los beneficios son cuantiosos, la economía está expandiéndose y el empresario está lucrándose en gran medida. Aparte de clamar también en esta situación por una moderación salarial para no recalentar la economía, no reparten su beneficio, ni realizan esfuerzos para ayudar a sus trabajadores que tienen un salario indigno. Simplemente se benefician egoístamente de dicha situación. A lo largo de la vida de una empresa, desde su fundación hasta su desgraciado cierre, el resultado global suele ser beneficioso. El empresario se lucrará durante los periodos de bonanza y, en periodos de recesión, simplemente ajusta su producción a sus beneficios, es decir, despide trabajadores para seguir manteniendo cierto beneficio. Si esto no es así, y la actividad empresarial sigue sin dar beneficios, la empresa cierra y los trabajadores a la calle. Por lo tanto, en el momento que una empresa entra en pérdidas estructurales cesa su actividad y el resultado económico de todos sus años de actividad suele ser muy positivo para su dueño. Por lo tanto, no sea tan demagógico, señor Ferrán, pidiendo un esfuerzo salarial cuando en época de bonanza no reparte una porción de los beneficios entre los trabajadores o se suben los salarios acorde al aumento de los beneficios y no acorde al IPC. Seamos coherentes.
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