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Técnicamente hablando España está experimentando un proceso de recesión económica desde la mitad del año pasado, es decir, hace aproximadamente 1 año y medio. La crisis actual se caracteriza por un verdadero desplome financiero con la quiebra de varios bancos importantes en EEUU, lo que ha conllevado una verdadera crisis de confianza, con la amenaza consiguiente. Con un panorama bancario internacional tan negro y con el peligro financiero nacional acechando, se decidió intervenir por parte de diversos estados para garantizar la supervivencia del sistema bancario actual. Miles de millones de euros y dólares se han puesto a expensas de las entidades financieras, con unos tipos de interés irrisorios y unas grandes facilidades de amortización. No parece ser una buena lección para el mercado financiero la muestra descarada e inevitable del respaldo al sistema, el “demasiado grande para caer” se ha vuelto a cumplir una vez más, dejando el libre mercado al descubierto, sin careta, como lo que es, una barra libre de enriquecimiento para unos pocos y grandes penurias para la mayoría, con el rescate de los primeros gracias a los esfuerzos de estos últimos. Hay algo que me sorprende en el estereotipo de la derecha española, pues parece que ésta es más eficaz y contundente para salir de las crisis económicas. Esta falsa sensación de fortaleza viene de la experiencia vivida en la crisis de mediados de los 90. El “milagro” popular de la recuperación vino caracterizado por un claro enfoque neoliberal: Privatizaciones, rebaja impositiva y desregulación estatal. El famoso decretazo puso el matiz español a esta curiosa receta económica. Nos centraremos en las privatizaciones. Foto: El Periódico de Aragón Como se puede observar en el gráfico anterior, en 1997 el volumen de privatizaciones fue el equivalente al 2,7% del PIB, y en 1998 el 2,5% del PIB: 25.000 millones de euros de ingresos “extra” para el Estado. Quiero recordar en este punto que el gobierno Zapatero medía el impacto recaudatorio de la subida del IVA en 10.000 millones de euros. Por lo tanto, el margen del que disponía el gobierno de la derecha era 2,5 veces mayor que el del gobierno actual. Este estrecho margen de actuación por parte del Estado en situaciones de gravedad económica se lo debemos a las privatizaciones. El estado está en los huesos y con cada vez menos influencia económica para resolver problemas económicos. La democratización de la economía pasa por un estado económicamente fuerte, con estructura propia para mantener la actividad del país y con la garantía democrática de ser dirigido conforme decida la mayoría. La salida de la crisis por parte del Partido Popular fue una clara huida hacia adelante, liquidando los medios de fortaleza económica en manos del Estado. Se obtuvieron 25.000 millones de euros de la puesta a la venta de grandes empresas estatales, considerable cantidad para afrontar cualquier crisis económica que se pudiera imaginar. Era una táctica magistral, rápidos beneficios y de forma líquida para el Estado pero gravísimos perjuicios estructurales para el futuro. El estado se deshacía de su estructura económica para dejarla en manos privadas, lo que a todas luces es un grave error a largo plazo, tal y como nos está demostrando la situación actual. Gran parte de la población recurre al estado en momentos de dificultad económica, exigiendo a los gobiernos la vuelta hacia el crecimiento, echándoles en cara la elevación de la tasa de paro, cuando verdaderamente son las empresas y los empresarios los que despiden en épocas de crisis para seguir manteniendo sus beneficios anuales. No podemos exigir el amparo económico del estado si cada vez éste dispone de menos medios para controlar la economía del país.
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