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La recién aprobada reforma laboral ataca frontalmente a los derechos fundamentales de los trabajadores en dos planos muy sensibles: el abaratamiento del despido y el descuelgue de la negociación colectiva. El gobierno ha tomado partido y el poder empresarial ha salido reforzado. Con la universalización del contrato de fomento del empleo se busca, por parte del gobierno, la extensión de una fórmula de contratación con despido más barato, pues la indemnización para este tipo de contratos es de 33 días por año trabajado, además de subvencionar 8 días al pago que debe realizar el empresario por despido improcedente. Es decir, el Gobierno pretende crear un tipo de contratación fija mucho más desprotegida para el trabajador y financiando parte de esta indemización aún cuando sea despido improcedente. España es uno de los países de la Unión Europea que más empleo crea cuando la economía se expande y más empleo destruye cuando la economía se contrae, por lo tanto, esa supuesta rigidez del mercado laboral español que pudiera llevar a pensar en un abaratamiento del despido para flexibilizarlo, es mucho más que dudosa. Si queremos disminuir la precariedad laboral, abaratar el despido no soluciona dicho problema, más bien lo agrava. Rebajar la protección laboral nunca ayudará a construir un mercado laboral con mejores condiciones para los trabajadores, sino todo lo contrario. Pero esta nueva desprotección del trabajador frente al empresario no viene sola, sino de la mano de otra mucho más grave: el descuelgue de la negociación colectiva. Ya no sólo se desprotege al trabajador en caso de despido improcedente, sino se ataca frontalmente al derecho de los trabajadores como clase. La negociación colectiva es una de las principales armas del sindicalimo de clase, pues la unión de los trabajadores hacen posibles mejores condiciones laborales que no habría sin dicha presión como colectivo. El descuelgue planteado es el inicio del desmantelamiento del sindicalismo y la unión de los trabajadores, con el fin de desproteger al trabajador frente al capital, tal y como nos requieren los mercados financieros. Sinceramente creo que el gobierno se está equivocando de lleno con esta reforma laboral, pues supone un agravio a la clase trabajadora, clase fundadora del partido de gobierno. Muchos gobiernos liberales europeos están tomando medidas en la misma dirección, pues quieren hacernos creer que no hay otra manera de salir de la crisis mas que contentando a los mercados. Éstos posiblemente estuvieran mucho más contentos si el despido es gratuito, la sanidad y educación se privatizan y el salario mínimo interprofesional disminuye. Entonces, ¿Seguimos haciendo caso a los mercados?
Mientras se atacan los intereses de los colectivos más desfavorecidos, el número de ricos en España ha aumentado en un 12% durante el 2009. Aumento paralelo al crecimiento del número de parados durante ese periodo de tiempo. Paradójico, ¿ o no tanto? Creo que alguien se está forrando a costa de la mayoría.
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