
El domingo 1 de diciembre de 1929 la Casa del Pueblo de Madrid se hallaba abarrotada para escuchar la conferencia que, con el título de “La ciencia y el socialismo”, iba a pronunciar Juan Negrín López, un prestigioso médico e investigador científico que poco antes se había afiliado al PSOE. Releyendo su texto y el eco que tuvo en la prensa de la época, ahora que el PSOE se halla en una encrucijada histórica, se nos ofrece algunas reflexiones de interés, significativos paralelismos y contrastes con la situación presente.
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El presidente Obama sigue despertando simpatía a pesar de que su gestión ha producido importantes decepciones: ahí está, por ejemplo, su incapacidad para impulsar el agónico proceso de paz en Oriente Medio. Junto a esto, otros reproches que puede hacérsele al presidente americano es su forma de afrontar el terrorismo internacional, la cual ha supuesto un creciente uso de los drones (aviones no tripulados) para abatir supuestos dirigentes yihadistas sin importar las víctimas civiles que ello comporta y, también, el mantenimiento de la prisión de Guantánamo, estos días nuevamente convertida en noticia por la huelga de hambre que están llevando a cabo los islamistas allí retenidos.
El crash económico y la sistemática contrarrevolución social a la que estamos siendo sometidos la inmensa mayoría de los ciudadanos –clases medias y clases bajas– es claro que van a marcar, y están marcando, un antes y un después en todas las sociedades occidentales. No se trata aquí, no obstante, de reflexionar sobre las causas de la crisis, ni tampoco de adentrarnos en los efectos que están teniendo unas medidas socialmente reaccionarias, que conllevan la multiplicación en número de quienes ven muy notablemente mermada su capacidad económica y su esperanza de un mediano bienestar, al tiempo que reducen al mínimo el número de aquellos que, lejos de ver reducida su fortuna, la han multiplicado en proporción similar a la disminución de la de todos los demás.
En este año que ahora comienza, se cumple el centenario del nacimiento de Herbert Kart Frahm, más conocido como Willy Brandt (1913-1992), uno de los políticos más destacados de la Europa del s. XX y un referente, junto con Olor Palme, Bruno Kreisky o François Mitterrand, de la socialdemocracia moderna, y que tanto influyó en Felipe González y en el PSOE durante los decisivos años de la transición democrática española.
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Mientras Zaragoza apuesta por un transporte accesible, rápido, silencioso y eléctrico para dotar a sus ciudadanos de mayor calidad de vida, otros apuestan por quitar autobuses como Ana Botella en Madrid, (200 menos que hace 2 años), o en Málaga llevan gastados 3 veces el presupuesto del tranvía para un tramo la tercera parte de largo que no pueden terminar y que absorbe a tan solo 3000 pasajeros diarios. Y cuando digo mayor calidad de vida me refiero a que los trayectos que antes hacían en una hora en autobús o 35 minutos en coche, ahora lo harán en 23 minutos en tranvía. Prueba de ello es que el presidente de la asociación de taxistas se quejó en cadena serde que para un mismo trayecto le adelantan entre dos y tres tranvías.
En la renacentista ciudad italiana de Ferrara, la cuna de Savonarola y de Ariosto, en cuya Universidad estudiaron Paracelso y Copérnico, se dice que era tanto su nivel cultural que, en las batallas contra las ciudades vecinas, las bombardas de Ferrara no arrojaban vulgares piedras sobre sus enemigos, sino pulidos bloques de mármol: eran igual de mortales, pero era un arma refinada, propia de la que fue considerada como la primera ciudad moderna de Europa. Así son también los efectos sociales de las medidas de ajuste neoliberal implantadas tan diligentemente por Rajoy: impecablemente democráticas gracias al peso de su mayoría absoluta parlamentaria, pero tan letales para la cohesión y la justicia social como las bombardas de Ferrara.

Hace unos días se admitía a trámite la Iniciativa Legislativa Popular para declarar las corridas de toros como Bien de Interés Cultural. Los votos a favor de PP, UPyD y UPN llevaron adelante la propuesta. Basar el disfrute y la fiesta nacional en actividades que tengan presentes animales que sufren y mueren no puede tener cabida en una sociedad a la que se le presuponen determinados valores morales. Hacer de la muerte y del sufrimiento de un animal un espectáculo es algo bochornoso.
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